11.11.18

Abstractos como os cimérios

Envueltos en una noche devastadora

El curso de la abstracción se configura como un impulso irrefrenable y cósmico, que no afecta únicamente a la reflexión interior y mental, sino que forma los objetos a nuestro alrededor y nos forma a nosotros como objetos. La acumulación, extensión y ramificación de los entes y de los nexos abstractos es algo irreversible, que pesa sobre las generaciones humanas y las extenúa. La red de la abstracción atrapa todo, constituye todo, obnubilando, debilitando, ofuscando, sin modo de liberarse de ella. Estamos en el país de los cimerios, donde el sol no brilla, junto a la tierra de los muertos. Envueltos en las tinieblas, únicamente recordamos, y creemos que un exangüe y mediado recuerdo sea vida. Se llama real y existente a algo que en sí es apariencia: así es el hombre. Nosotros, últimos hombres, los más recientes, los más abstractos, ya ni siquiera existimos, somos fantasmas. No hay más que compararse con los hombres del Renacimiento, sobre los que el tejido de la abstracción era más fluctuante.

Giorgio Colli, Dopo Nietzsche


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